Una de las más importantes personas que pasean por mi querido Camino de la Alameda es ella. Cuesta expresar con palabras la conexión que siento que me une a ella. Es una amiga. Una de las mejores, por no decir la más íntima. Es la persona que mejor me conoce, la que mejor me entiende y la que sabe qué estoy pensando en cada momento.
Es una dama muy culta. Aunque ésto a veces juega en su contra ya que hay tantos conceptos, ideas, historias y sueños volando por su cabeza que, pienso, a veces es muy enrevesada. A cosas que son muy simples para los demás, ella es capaz de verle miles y miles de vertientes! Aunque ésto puede llegar a ser muy enriquecedor para los que le rodeamos.
Es una de las personas más espontáneas que conozco, lo cual nos ha valido muchos momentos de carcajadas interminables.
Con ella puedo viajar en el tren de Anna Karenina cuando quiera. En él dejamos que nuestros sueños vuelen y nos transporten a lejanos lugares. Podemos viajar en el tiempo a cada momento.
Su belleza es propia de la protagonista de una novela de nuestra querida Jane Austen. Ella dice que tiene el pelo rubio ceniza, pero yo pienso que es castaño. Sus ojos son verdes como las hojas de los álamos que inspiran éste blog.
Hay muchas cosas que me gustan, que pienso, sólo puedo compartir con ella.
Pasamos mucho tiempo juntas y aún así, siempre tenemos cosas que contarnos y de las que hablar.
A veces me asusta porque pienso que me lee el pensamiento, siempre sabe lo que estoy pensando. Pienso que nunca podría ocultarle nada.
Admiro de ella su elegante y deliciosa forma de escribir. También admiro su fuerte y apasionado carácter que continuamente está luchando contra la injusticia.
La imagen que más me gusta de ella: Cuando baila. Podríamos pasar horas enteras bailando música rescatada de los 80 y de los 90.
Espero que éste pequeño homenaje a mi querida Lady Ann sea mínimante merecedor de ella.






