Mostrando entradas con la etiqueta Pequeñas cosas.. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta Pequeñas cosas.. Mostrar todas las entradas

15 de octubre de 2013

Melancolía

Tengo la costumbre de apuntar en una libreta las frases o párrafos de libros que me han gustado, ayudado o inspirado. Ya llevo tres libretas completadas. Algunas las sé de memoria, otras no. Algunas me siguen fascinando y en otras no puedo recordar el motivo por el que las apunté. Supongo que será por el mismo motivo por el que, cuando releemos un libro, no solemos valorarlo o interpretarlo del mismo modo del que lo hicimos inicialmente, pienso que depende del estado anímico con el que lo leamos, la madurez, lo receptivos que estemos... Pero aunque no recuerde todas las frases que tengo apuntadas, sí recuerdo la primera que apunté. "Contra el optimismo, en defensa de la melancolía". La copié de un marcapáginas que me regalaron con un libro que me compré. Creo recordar que era el título de un libro.
Hace unos días recordé ésta frase y me dio qué pensar. No tengo nada en contra del optimismo. Me considero bastante optimista, aunque a veces no sé si confundo el optimismo con despreocupación. El optimismo es fundamental y siempre se ha dicho que hay que rodearse de personas optimistas, cosa que suscribo completamente. Aunque aquí, en "El Camino de la Alameda", me proclamo fan incondicional de la melancolía. Al menos de la interpretación y visión que tengo de la melancolía.
La melancolía es otoñal, la melancolía es misteriosa, la melancolía es reflexiva, la melancolía es profunda, la melancolía es elevada, la melancolía es interesante, la melancolía hace escuchar a los demás, la melancolía hace conocerse a uno mismo , la melancolía atrae, la melancolía de más, la melancolía hace que hablemos lo justo, la melancolía es sensible, la melancolía fuma, la melancolía ejercita la memoria, la melancolía es un perpetuo atardecer, la melancolía es pisar un charco con botas de agua, la melancolía es intelectual, la melancolía es escrutadora, la melancolía es sana, la melancolía es una palabra bonita, la melancolía expresa un pasado y un futuro, la melancolía viste color rojo, la melancolía es la cara oculta de la luna, la melancolía me gusta...

3 de octubre de 2013

Mis personas favoritas (XI)

  

  Hace muchísimo tiempo que se merece ser la protagonista de una entrada en "El Camino de la Alameda". Porque méritos hace de sobra y porque es una de mis más íntimas amigas.
  La conocí el 9 de noviembre de 2009. Recuerdo la fecha porque coincidía con el cumpleaños de otra querida amiga, así que cada año recordamos "nuestro aniversario". Cuando la conocí y empezamos a hablar resulta que había muchas coincidencias, eran tantas que incluso bromeábamos pensando que por algún lado debíamos ser familia. Desde ese día congeniamos y no tardamos mucho en hacernos buenas amigas.
   Una de las cosas que más me admira de ella es que es una de las personas menos frívolas que conozco. Tiene un interior tan profundo que si tirara una piedra jamás  podría oír el sonido del chocar contra el suelo. Es muy reflexiva y pensativa. Cualquier tema que le plantees ya habrá sido previamente meditado por ella. Cosa que me parece muy meritoria porque ella nunca está parada, siempre tiene algo que hacer, ser una persona muy activa es otra de las características principales que emplearía para definirla. Admiro esa capacidad que tiene de combinar la acción y la reflexión. Posee una bondad natural en la que hace un hueco a toda persona. Siempre da una oportunidad. Tal bondad no deja paso a la injusticia, a la que ella es muy sensible, y con la que se enfurece rápidamente. Sobre todo si la injusticia recae sobre alguien querido para ella. También es muy generosa y  además es capaz de anticiparse a tus necesidades, cosa que a veces me hace sentir mal, ya que muchas veces siento que no soy capaz de corresponderle. En relación a lo anterior, también he de decir que es servicial y sacrificada, cosa de la que soy muy consciente y no soy capaz de agradecerle como merece. Ella es apasionada, en su forma de hablar, en su forma de sentir y darlo todo, en la forma de gesticular, en su forma de compartir una alegría o una tristeza. Aunque esté contando algo cotidiano o banal te atrapa con su relato. Pone pasión en todo lo que hace y esto le hace a la vez ser una persona muy sensible a la que no le da miedo que se le salten las lágrimas. Es también capaz de ser una persona muy espiritual que sabe valorar y disfrutar lo terrenal. Su sentido del humor me encanta, y he de reconocer que cuando se enfada o se indigna es cuando más me hace reír.
  Físicamente posee una belleza envidiable, su cabello rubio enmarca una tez sin imperfecciones, vigilada por unos espectaculares ojos azules a los que hacen compañía las pecas que le dan una expresión pícara. Su sonrisa a muchos conquista. Posee una belleza europea que resalta con su carácter apasionado, como buena mujer española. En todos los aspectos es una persona impresionante y estaré atenta, porque no cualquier hombre será capaz de merecerla ni de estar a su altura.
  Blanca, mi adorada Blanca. A veces su excesivo apasionamiento le hace vivir en una montaña rusa, pero yo estoy encantada de acompañarle, porque me gusta la adrenalina, y las montañas rusas siempre me han gustado.
   Con Blanca he reído y he llorado, me ha consolado, me ha aconsejado, me he dado paseos nocturnos por Pamplona llenos de confidencias, me he tomado un Nesquik con galletas a la una de la mañana en un parque. Con Blanca he hablado cosas que con nadie más he hablado. Con Blanca comparto gustos musicales y literarios. Con Blanca he hecho un picnic en febrero, he bailado, he paseado en bici, he visto "El violinista en el tejado", he paseado por el río Ebro, he hecho castillos en el aire. Con Blanca iría al fin del mundo. Es una persona de confianza y mujer de palabra.
   Su familia es entrañable, como ella.
   
   Mi querida Lady Whity es, en definitiva una de las mejores personas que conozco. Sé que nunca me fallará y yo tampoco lo haré. 


29 de septiembre de 2013

Encantadora inocencia.

  
  La palabra inocencia tiene tres acepciones según el Diccionario de la RAE:
- Estado del alma limpia de culpa.
- Exención de culpa en un delito o en una mala acción.
- Candor, sencillez.



 Siempre me ha gustado la palabra "inocencia", tanto fonéticamente como por su significado. Es fácil observar su empleo en el ámbito jurídico por su segunda acepción. También solemos utilizar ésta palabra como adjetivo de los niños en general. Muchas veces se emplea con cierto aire de superioridad (¡Qué inocente eres...!), contra algunas personas. Ésto último me parece injusto. Nunca deberíamos acusar a nadie de ser inocente, ya que es una paradoja. Viendo las otras dos acepciones de la palabra, es claro que no cabe referirse a nadie con la palabra inocente en término de burla o de forma despectiva. Suele conllevar un grado más elevado de burla en el caso de que se le achaque a un hombre. ¡Error!
  No me puedo imaginar nada más atractivo que un hombre inocente, y no me refiero al ámbito jurídico. Un hombre cuya limpia alma se proyecte en una mirada también limpia, brillante, un tanto infantil que fije su mirada en ti y que te haga sentir cómoda y pacífica. Una mirada transparente que haga de altavoz de su propia personalidad, transparente, sin sombras que siembren desconfianza o duda. 
  Tampoco imagino nada más encantador que un hombre sonrojándose. Una cara sonrojándose es como un amanecer. La tez se va iluminando poco a poco, como el sol va iluminando paulatinamente conforme despierta. Los ojos se hacen por un momento más pequeños para dar protagonismo a la sonrisa, esa sonrisa que enmarcada en un rostro ruborizado es equiparable a cualquier bella obra de arte. Lástima que sólo sean segundos...
  Un hombre no es menos hombre por albergar inocencia en su ser, por no estar maleado, por no haber probado de todo... No digo que el resto sea menos hombre, pero un hombre con cierto grado de inocencia, por lo menos para mí, es arrebatador, ya que aun conservando toda su masculinidad es a la vez cándido y sencillo. Es capaz de sonrojarse y, por el hecho de no haber descubierto algunas facetas de éste mundo, es capaz de valorarlo más. 
  La inocencia es encantadora y enamora.
  

23 de julio de 2013

La tormenta me acunó.

Mi madre dice que soy "pajarraco nocturno". Por la noche me activo y me suelo acostar tarde. Ayer me fui a la cama tarde como casi siempre, y aunque no tenía sueño me obligué a acostarme para poder levantarme a horas cristianas y no perder toda la mañana en la cama. Para conciliar el sueño siempre necesito leer. Las letras son las que todos los días me llevan a reunirme con Morfeo, aunque ayer no necesité  ningún libro. Me tumbé en la cama, apagué la luz y encendí los sentidos.
La ventana estaba abierta. Siempre lo está, incluso en invierno. Entraba una suave y refrescante brisa que aliviaba la calurosa atmósfera que se había generado durante el día en mi cuarto. La caricia del viento tímido me refrescaba hasta el alma y me daba paz.
Los relámpagos iluminaban. Cada fogonazo de luz que iluminaba la habitación me traía un pequeño y bonito recuerdo. Una mirada furtiva, inocente y limpia. Un atardecer era el fondo de un perfecto y guapo perfil. Una casa abandonada en las Bardenas. Oí "tía Tesi". Humo de pipa poniendo olor a una amena tertulia. Fuegos artificiales en Pamplona. Risas entre amigas. Un rostro ruborizado.
Los truenos sonaban. De pequeña me daban miedo, ya no. Ayer eran el punto y seguido de mis pensamientos que saltaban de uno a otro sin ningún tipo de hilo conductor. 
La lluvia caía. El sonido de las gotas cayendo violentamente era la banda sonora, la nana que escuchaba. Pensé en la película de "Orgullo y Prejuicio", en Mr. Darcy declarándose bajo la lluvia, aunque ésta vez la cara del protagonista no era la de Matthew McFayden.
El olor a humedad invadía la habitación. Lo mejor de la lluvia, que ya de por sí me gusta bastante, es el olor. La lluvia despierta a las plantas y a los árboles, sus bostezos mientras se desperezan desprenden ese fresco y verde olor. Recordé "Granjafría" y me alentó verla pronto.
La luna llena estaba en un segundo plano. Ayer la luna llena se ocultó tras la cortina gris que formaban las nubes. Esa noche dejó que fueran únicamente los relámpagos los que dieran el toque de luz durante la noche. La luna llena, reina del cielo durante la noche, ordenó toque de queda también para las estrellas. 

La tormenta me acunó y consiguió lo que pretendía, me entró sueño.

Recé y me dormí.



8 de mayo de 2013

El árbol seco.

En una colina, que la incesante lluvia había embarrado, estaba el árbol seco. Era muy alto y su tronco era muy grueso y estriado. Las ramas empezaban a crecer altas y se elevaban hacia el cielo, como pidiendo alas para poder volar hacia el cielo gris y desligarse del tronco y de las raíces que, aunque profundas intentaban salir de la tierra, negándose a permanecer en la oscuridad de la húmeda tierra. Los pájaros no anidaban en él desde hacía mucho tiempo, ni siquiera se posaban en él para descansar del vuelo.
Bruno sentía una especial atracción por el árbol a pesar de que nadie reparaba en él y pasaba muy desapercibido en el conjunto del paisaje. Bruno se pasaba las horas apoyado en su tronco. Desolado, triste, apático. Se identificaba con el árbol solitario, en el que nadie reparaba, sólo la fuerte lluvia y al que el viento azotaba sin ningún pudor o reparo. Sentado a los pies del árbol, que no le proporcionaba ningún cobijo ya que sus ramas estaban desnudas, pensaba, lloraba, se compadecía, envidiaba, odiaba. Su depresión le había convertido en una mancha gris. No le esperaba tras sus horas de cavilación ningún cálido hogar. La lluvia le calaba hasta el alma y la apagaba poco a poco. La esperanza se desvanecía, la lluvia también iba apagando esa llama.
Tumbado un día boca arriba bajo el árbol, vio que en una de las ramas más bajas asomaba un pequeño brote verde. Con los días el árbol se llenó de jugosos brotes de un verde casi fosforito. La lluvia cesó, la colina se secó y empezó a alfombrarse de color verde. Los brotes se convirtieron en abundantes hojas. El cielo gris se retiró cortés para dejar paso al azul luminoso y al amarillo sol. Las flores tímidas y guapas empezaron a crecer. El paisaje se llenó de color y alegría.
Bruno sólo tenía que esperar a que llegara la primavera.

24 de febrero de 2013

El desfile más bonito.

   Cada persona tiene su estación del año favorita. La mía es el otoño. La temperatura no es extrema, ni el calor te sofoca, ni el frío te encoge. El contraste de colores que nos brinda la naturaleza, para mi gusto, es el más espectacular. El dorado, ocre, granate, verde sepultado de hojas secas, amarillo casi fosforito en algunos árboles... El otoño es como si abriéramos un antiguo libro que lleva mucho tiempo en letargo, ocupando su lugar en un estante de la parte más alta de una biblioteca.
    Pero las estaciones no quieren preferencias. Las estaciones son generosas y nos hacen pequeños recordatorios de las delicias con las que gozamos durante el resto de año.
     Los soleados y cegadores días invernales nos recuerdan, bajo nuestros abultados abrigos, el verano amarillo que volverá. La violenta lluvia veraniega nos ayudan a recordar los paseos otoñales sobre alfombras crujientes. Los colores del otoño anticipan la floreciente primavera. El monótono panorama del invierno, invita a pensamientos profundos que nos ayudarán a poner cabeza en el ánimo alocado que la primavera nos provoca. El helador invierno se hace agradable pensando en el verano, cuando la brisa cálida acaricia la tostada piel. El sofocante verano, con sus frescas noches nos anticipa los meses de abrigo y bufanda. Las atrevidas flores silvestres que crecen en invierno, nos ayudan a ser fuertes en la adversidad y nos alienta la futura llegada de la primavera. Las iluminadas noches nevadas nos gustan porque recordamos la luz de las demás estaciones. Las lluvias primaverales enjuagan la melancolía invernal para que brote el júbilo y los pensamientos alocados cuales coloridas flores. La caída de las hojas de los árboles en otoño nos deja ver el cielo que en los días solados nos regocija pensando en la época en la que somos lagartijas. El ulular solitario del autillo en verano nos transporta al letargo invernal de la fauna. El cielo lleno de hollín en invierno, la ceniza acumulada en las sobremesas durante el estío. El bullicio primaveral y veraniego, el que se transporta al interior de los hogares en las vacaciones de Navidad.
    Todas las estaciones son encantadoras. La personalidad y los gustos de cada uno hace que en cada una de las estaciones disfrutemos más o menos, desembocando en que tengamos ciertas preferencias por unas u otras.
    El invierno es para los pensadores, el verano para los alegres, el otoño para los melancólicos y la primavera para los enamoradizos. Yo soy todo ello, pensadora, alegre, melancólica y enamoradiza, así que, ¡ que desfilen las estaciones!

15 de noviembre de 2012

El calor del fuego.

     Las gotas de lluvia hacían sonar los cristales. La ventana estaba medio abierta, se levantó a cerrarla. Volvió a sentarse en su butaca, la que tenía el tapizado del brazo derecho gastado de apoyar el codo, que normalmente aguantaba el peso de un libro. La chimenea crepitaba alegre, el calor le invadía gustosamente. Esta vez tenía el libro cerrado sobre las piernas. Después de volver a sentarse se había quedado ensimismada mirando el fuego. En cada transformación de las llama veía diferentes cosas. El hipnotizador fuego estimulaba sus pensamientos que aunque estaban perdidos, quedarían para siempre guardados en algún rincón de su memoria. La placidez del momento hizo que los segundos parecieran días. No quería dejar de mirar el fuego, le daba miedo que alejar los ojos de él supusiera perder esa sensación tan cálida, tan única. Pensaba en no dejar de pensar pero a la vez, por un carril rápido de su mente volaban miles de pequeñas reflexiones, profundas y vanas. De su plácido letargo salió de pronto al recordar que había metido en el horno hacía rato un bizcocho. Con el corazón latiendo fuertemente se levantó y llegó a la cocina. El bizcocho se había carbonizado.
         El calor del fuego que le había proporcionado tan agradable letargo, le había dejado sin merienda.

14 de noviembre de 2012

Finales y comienzos.

     Ramón era uno de esos hombres que forman parte del mar. Había nacido cerca de él. Nunca había ido tan lejos como para dejar de ver el metalizado mar. Tenía una estrecha relación con el mar, crecíó jugando con la húmeda arena, observaba cómo año tras año la huella de sus pies sobre la arena era cada vez más grande, su casa llevaba muchos años vigilando atenta el vaivén de la marea, el viento salado se había llevado muchos de sus pensamientos y sueños.
      La costa era irregular. Las zonas de playa le invitaban al paseo meditabundo. Las zonas de escarpados acantilados le invitaban a la aventura. El casi continuo cielo gris era para él la mejor manta para aquellos azules y verdosos paisajes. El entorno había hecho de Ramón un hombre rudo, curtido, de carácter tímido pero muy apasionado. Era un pensador de mar abierto, de tempestad y oleaje. Tenía un pequeño barco pesquero cuyo nombre era "Begoña", con él se había ganado modestamente la vida. Antes de que amaneciera salía a pescar. Volvía pronto a casa después de vender el pescado y siempre encontraba a Begoña enfrascada en las tareas del hogar. Su desayuno estaba puesto en la mesita de la cocina, la que daba al pequeño jardín que tenía como fondo el océano. El café solo era su adicción, las austeras tostadas con mantequilla le encantaban. Begoña las preparaba para él amorosamente día tras día. Había conocido a su mujer muy joven y poco tardaron en casarse. Quererse había sido inevitable, como pasear descalzo por la playa y probar la temperatura del mar con los pies aunque haga frío.
       Fumar en pipa era parte de su personalidad, de su estilo de vida. Empezó a fumar desde joven, conservaba la pipa que su padre le regaló poco antes de irse para siempre. Era valiosa, estaba tallada con madera de brezo. Siempre la tenía reluciente ( dentro de lo que le permitía la vejez de la misma), después de fumar la limpiaba con mucho esmero. Aunque casi siempre la llevaba en la boca, en el lado derecho. Había marcado la boquilla con sus muelas tras años fumando. La pipa hacía conjunto con su espesa barba, con los pantalones de pana, con el husky azul marino y con los gastados náuticos. Fumar en pipa le parecía una filosofía de vida. Con cada bocanada de humo aportaba algo de sí mismo al mar, al grisáceo cielo. Siempre la llevaba  consigo. La pipa le acompañaba en su sobria y tranquila rutina.
         Su matrimonio con Begoña era muy feliz, disfrutaban de las pequeñas cosas. Gozaban en la vida de un perfecto equilibrio. Hasta que un día Ramón se encontró completamente solo. Fué un duro golpe. Ahora el paisaje se le hacía verdaderamente gris, la humedad del mar le estorbaba. Canceló sus paseos y la pesca, a la que en sus últimos años sólo acudía por placer. Pasaba horas  en el salón de su casa compadeciéndose de sí mismo. Su rutina era vacía, no tenía provecho.
        Un día de invierno salió el sol y decidió salir en su barco. Embarcó, cogió la pipa y se sentó en la proa. El aroma del dulce tabaco y el calor de la cazoleta mezclados con el frescor de la brisa marina y el olor a sal le proporcionó mucha paz. Evocó sus momentos felices junto a Begoña, la echaba mucho de menos, pero no tenía ganas de salir adelante. De pronto el barco zozobró violentamente, tanto que perdió el equilibrio. En el brusco movimiento la pipa se le escapó de los labios y cayó al mar. Ramón comprendió al instante el mensaje de Begoña. Volvió a casa feliz y para comenzar su nueva vida compró una pipa reluciente para dejar sus muelas marcadas en ella. Una nueva compañera de pensamientos, esta vez positivos y proyectados a un futuro solitario pero prometedor. Sería un redescubrimiento de las pequeñas cosas. Una evocación de bellos recuerdos que le empujaran a continuar

      Años después la vieja pipa llegaría con la marea a los pies de una pareja que paseaba. Muy deteriorada, ya sin esmalte pero con las marcas de las muelas intactas, pasaría a decorar un recién estrenado hogar.
      La pipa que cayó al agua con las penas de un hombre, sería testigo de las alegrías de un luminoso nuevo hogar.
         


13 de noviembre de 2012

Pelo bailón.

    Hoy un pequeño homenaje a un rasgo muy característico de mi fisionomía. Mi pelo. Mi alocado, rizado,castaño pelo.
      Hace tiempo leí en un libro ( no recuerdo cuál) una frase con la que estaba de acuerdo: "Tener el pelo rizado es una maldición, y no dejes que nadie te diga lo contrario". Años y años estuve odiando mi pelo. Envidiaba las melena lisas que ondeaban armoniosamente al viento. Esa aversión me esclavizó a no llevar el pelo de otra forma que no fuera recogido en un aburrido y "señorón" moño. Hasta que un día decidí que ya era hora de "soltarse la melena", literalmente. Desde entonces me siento orgullosa de ser portadora de tan abultada melena. Es un signo muy reconocible. ¿Sabes a quién me refiero? ¿La del pelo a lo afro? ¡Si, esa!
     Su mantenimiento es sencillo, no requiere horas y horas frente al espejo, en invierno me protege las orejas del frío, es moldeable, entretiene acariciar los traviesos rizos y si alguien te busca te reconocerá desde la lejanía.
       Me gusta pensar que mi pelo es rizado porque le gusta crecer bailando. Asi que, ¡ que siga bailando!



23 de octubre de 2012

El bote de galletas.



   Los sueños y aspiraciones son esos botes de galletas de chocolate que de pequeños intentábamos alcanzar en vano. Solían estar en altos armarios o estantes. Queríamos llegar a ellos ansiosos y hambrientos, buscábamos mil maneras para conseguirlo. Las sillas o los hombros de nuestros hermanos nos ayudaban a lograr nuestro objetivo, aunque a veces nos caíamos desde lo alto o el esfuerzo era insuficiente. Cuando conseguíamos llegar a las galletas una no era suficiente y después del atracón abríamos la nevera. Siendo mayores ya llegamos de sobra al bote de galletas.
    Es muy importante tener sueños y aspiraciones, son parte de la esencia de la vida, de vivir. Aunque nunca los alcancemos el hecho de luchar nos hace fuertes. Pero no debemos abandonar ésta lucha. Algunas veces, cuando nos dirigimos a un lugar concreto, nos perdemos por el camino. Es posible que lleguemos tarde pero seguro que habremos hecho algún encantador descubrimiento por el nuevo y largo camino. Ningún paso habrá sido en balde.
    También puede pasar a veces que ante una imponente vista desde lo alto, tras la contemplación desearemos estar allí abajo. Cuando conseguimos alcanzar nuestra aspiración somos felices pero pronto, a pesar de la satisfacción personal, desearemos un nuevo logro o meta. Pero es la vida misma, luchar nos mantiene vivos.
    A veces cuando creemos que hemos logrado nuestro sueño, es posible que se nos arrebate con violencia y dolor. Es difícil no caer en el desánimo ni en el victimismo. Aunque en cierto modo siempre somos pequeños, el bote de galletas siempre estará en el armario, sólo hay que acercar la silla y estirar los brazos.


   Para mi hermano pequeño favorito.

3 de octubre de 2012

Noches.

   La noche es más romántica que el día.
  La oscuridad ejerce un mágico poder de nosotros. ¿Cómo comparar un nocturno paseo y uno diurno? Los amantes no dudarán. De noche se ve más. Los ojos están casi  cegados, pero en su ayuda acuden los demás sentidos para no perder detalle de lo que ocurre a nuestro alrededor. El tacto nos da la seguridad de que nos aferramos a la persona querida, la oscuridad entonces, no da miedo. El oído también contribuye a que nos sintamos cómodos y seguros escuchando tiernas palabras que forman parte de la canción que los grillos cantan. Con el gusto se mezcla el olfato, y parece que saboreemos la fresca humedad nocturna que se mezcla con la fragancia de nuestra compañía. La vista se limita a captar los brillos que emite la mirada del acompañante. El alma ve más en la oscuridad, no hay matices, ni gestos, sólo verdaderas sensaciones.
    La noche es la madre de los sueños que nos envolvieron una vez y que ahora se cumplen. Nos ha guardado nuestros secretos desde que tenemos uso de razón. A veces tiene la generosidad de regalarnos la luna llena, para que así podamos de vez en cuando tener los cinco sentidos activos en la oscuridad. Además la oronda luna creará largas sombras con los árboles que harán de los campos mares llenos de extrañas figuras. Pero lo dicho, no tendremos miedo porque estamos acompañados.
      La oscuridad da intimidad, pasamos inadvertidos. Protege nuestros rubores. Podemos mirar mientras habla a la noche a la persona que nos acompaña, sin temor a que descubra nuestra fascinación por su belleza.
      La oscura noche es testigo, cómplice, bella, siempre fresca, eternamente romántica.

16 de septiembre de 2012

El mejor lugar del mundo.

   Cuando la pena y la tristeza son los gobernantes en nuestro corazón, siempre hay un lugar donde estos soberanos son destronados por la paz y la alegría.
   Este lugar es NUESTRO LUGAR. Toda persona sabe adonde acudir para encontrar el consuelo que necesita en algún momento.
   Para algunas personas puede ser un rincón de su casa, para otros un banco del parque, quizás para alguien un solitario paraje, para muchos una bulliciosa calle. Cada persona tiene el suyo. Algunos sólo tendrán que cerrar los ojos y dejarse transportar por la imaginación si ese querido lugar se halla físicamente lejos de nosotros.
   Este lugar es poderosísimo. Su poder consiste en alejar de nuestro ánimo la pena, la tristeza y la preocupación de un solo golpe; dejando entrar por una alfombra roja al sosiego y a la alegría. No tenemos que hacer nada especial, el mero hecho de encontrarnos allí nos transforma.
   No sabemos exactamente por qué precisamente tal lugar ejerce ese poder sobre nosotros. Aquí es donde entra en juego el extraño e inexplicable subconsciente. Tal vez en nuestro lugar recibimos hace mucho tiempo una buena noticia, o quizás alguien me sonrió un día en esa calle, o es posible que ese lugar me recuerde un paisaje de mi película favorita. No sabemos por qué ese sitio es el elegido. Ese es posible el encanto y la magia que desprende NUESTRO LUGAR.
   Por eso, a pesar de que en determinados momentos sufrimos y no vemos un próximo amanecer, es alentador saber que nuestro lugar, el mejor lugar del mundo, nos espera para darnos consuelo.
   Mi lugar es, claro está, EL CAMINO DE LA ALAMEDA, en mi querida "GRANJAFRÍA".


4 de septiembre de 2012

Dos familias enfrentadas.

   Hace mucho tiempo, cuando aún los gallos eran el único despertador de la gente, existían en un país muy lejano dos familias enfrentadas. La enemistad de las familias tenía un origen muy lejano. Ni las mismas familias sabían cuándo había comenzado la afrenta, desde que nacían se les inculcaba el odio a la otra familia. La rivalidad entre ambas era pública y manifiesta.
    La familia Cronos estaba formada por gente racional, práctica, inteligente, recta, estudiosa.  Pasaban horas y horas en un laboratorio preparando todo tipo de mezclas, provocando explosiones...Todos sus miembros dedicaban su vida al estudio de lo que les rodeaba, tenían curiosidad por todo.Aunque esto es un arma de doble filo, porque intentar llegar al origen y el porqué de todo puede resultar agotador. Los Cronos eran pues gente muy interesante aunque inconformista, hasta que no llegaban a la  meta no descansaban.
     Los miembros de la familia Laurel eran muy diferentes. También gente brillante y estudiosa pero de otro modo. Pasaban el día leyendo, escribiendo, muchos de sus miembros viajaban, les gustaba conocer también qué había pasado mucho tiempo atrás. Tenían una sensibilidad muy pronunciada. Encontraban placeres en cosas muy pequeñas. Eran descomplicados. Aunque a veces les faltaba su dosis de realidad, ya que podían pasarse el día entero haciendo castillos en el aire y soñando sin llegar a ningún sitio.
      Esta claro lo diferentes que eran estas dos familias.
     Llevaban sin hablarse siglos. Ninguna de las dos familias entendía el modo de vida de la otra. Los Cronos pensaban que los Laurel eran gente informal y los Laurel pensaban que los Cronos eran unos aburridos.
      Hubo un día una desgracia en casa de los Laurel. El padre de familia cayó gravemente enfermo. Toda la familia estaba desesperada buscando un remedio a su grave dolencia. Todos pensaban en los Cronos interiormente. Sabían de sus dotes para curar enfermedades pero, ¿serían capaces de romper una indiferencia y un silencio que duraba siglos? Tal era su desesperación que uno de los hijos emprendió el viaje a la casa de los Cronos. 
     La familia Cronos se extrañó de la visita del joven Laurel, pero la cara descompuesta de éste y la buena naturaleza de los Cronos hizo que el joven pudiera explicar el motivo de su visita.
     A pesar de la enemistad, el más inteligente de los Cronos corrió a ver qué podía hacer por el enfermo  de los Laurel. Sus estudios no habían sido en vano, así que rápidamente hizo un diagnóstico y elaboró a base de hierbas una medicina que restableció al padre de los Laurel.
      Tal fue la alegría de estos que en un minuto olvidaron el pasado y empezaron a forjar una amistad con los Cronos... Quién lo iba a decir...
      Pasaban días enteros juntos. Los Cronos les explicaban cómo funcionaba el universo, cómo calcular la distancia entre sus casas, cuál era la mejor época para cultivar flores, cómo curar resfriados.... En cambio los Laurel les contaban historias narrados por otros hacía mucho tiempo, les enseñaron a encontrar la belleza en unos versos, les explicaban qué había ocurrido allí mismo hacía cientos y miles de años, les ayudaban a apreciar las pequeñas cosas.
      De esos encuentros entre las familias surgió la unión de dos de sus miembros. Se compenetraban perfectamente. Desde entonces encontraron el perfecto equilibrio.
       Esa unión supuso vencer la distinción radical entre las Ciencias y las Letras.
       ¿Por qué no puede un físico nuclear disfrutar con una poesía? ¿Por qué no puede un escritor interesarse por la astrología? ¿Por qué no puede un matemático conocer la historia de su nación?
       Tanto las Ciencias como las Letras son parte de nosotros, en mayor o menos medida cada una de ellas, pero está claro que no son dos compartimientos estancos separados. Aunque sea solo por cultura e inquietud debemos probar de las dos.
       Dejemos que la reconciliación de los Cronos y los Laureles se lleve a cabo en nosotros.




Este post participa en la I Edición del Carnaval de Humanidades

19 de junio de 2012

Donde mi corazón descansa.

   Lugares donde crecí. Las macetas donde arraigaron las raíces que hicieron florecer la persona que soy ahora. " Granjafría", mi lugar favorito en el mundo.

                                       
              El magnolio, uno de mis árboles favoritos vive en soledad en el jardín de la Casa Grande. Sus flores que, en primavera, perfuman todo el jardín.



El Invernadero. Antaño colmado de flores coloridas. Aunque así, abandonado y salvaje tiene un melancólico encanto. El paraíso para los erizos.



En los campos de alfalfa, pequeñas flores lilas desafían el predominante verdor. Los cipreses altos y solemnes, vigilan.



La cañas de bambú. Fuertes, flexibles, nos recuerdan lejanos y exóticos lugares.



El granado. Sus flores, "elegancia madura".



Unas viejas ruedas de calesa que han logrado integrarse en la naturaleza.



El árbol caído ha servido para que la hiedra no frene su crecimiento al llegar al suelo. Un antiquísimo monolito en honor a los más fieles compañeros del hombre.



El álamo  hambriento.


    

20 de mayo de 2012

Si no.

  Si no existiera Granjafría no sería campera.
  Si no existiera la lluvia no olería el verde campo.
  Si no existieran los libros no sería sensible y romántica.
  Si no existiera el color rojo no habría amapolas.
  Si no existiera la brisa los árboles no cantarían.
  Si no existiera la música no bailaría.
  Si no existieran los murciélagos no tendría ninguna fobia.
  Si no existiera el papel las palabras volarían.
  Si no existiera el mar no habría manera de navegar.
  Si no existieran las flores la primavera no sería tan bien recibida.
  Si no existieran los sexos no habría lágrimas de amor, ni para bien ni para mal.
  Si no existieran los pájaros no tendíamos que envidiarlos por volar.
  Si no existieran los caminos nos perderíamos.
  Si no existiera la amistad nos sentiríamos en continua soledad.
  Si no existieran los relojes quedaríamos al amanecer.
  Si no existiera la familia no tendíamos raíces.
  Si no existiera el sufrimiento nunca aprenderíamos.
  Si no existieran los animales parte de nosotros tampoco lo haría.
  Si no existiera la noche no veríamos a la luna brillar.
  Si no existiera el fuego no conoceríamos el poder que tiene.
  Si no existiera la religión no tendríamos sentido.
  Si no existieran la garzas desconoceríamos uno de los sinónimos de elegancia.
  Si no existiera el Derecho es posible que hubiera más Justicia.
  Si no existieran los padres nos perderíamos los mejores consejos.
  Si no existiera el verde no habría naturaleza.
  Si no existiera la nieve nos perderíamos una gran diversión.
  Si no existiera la tinta no habría plumas.
  Si no existieran las hormigas no existiría el concepto de organización.


  De lo pequeño a lo grande, de lo abstracto a lo concreto, lo de lo importante a lo insignificante.
  Todo, absolutamente todo, nos enseña, muestra y aporta algo.

24 de abril de 2012

Lugares.

    El Camino de la Alameda es un lugar que existe. Por suerte puedo pasear por él cuando lo deseo. Este camino, me inspira, como manifiesto bajo el título de éste blog. Pero hay otros lugares, cercanos, y otros lejanos que también me inspiran, o invitan a determinada actividad, o han sido escenario de momentos inolvidables, o que me gustaría visitar....
   Me gustaría con ésta nueva " sección" compartir con los caminantes del Camino de la Alameda, algunos de mis lugares preferidos.


El Camino de los Cipreses. Un lugar para pasear, un lugar para caracterizar " Granjafría".




Los nidos del Jardín de Invierno. Un lugar para tertulias interminables. Un lugar para leer horas y horas.




El Balcón los Enamorados.  Un lugar en el que ver martines pescadores al atardecer, garzas,   cormoranes,  azulones... Un lugar romántico en el que estar de noche en buena compañía.


  

15 de abril de 2012

Ingredientes.

    En los numerosos cajones que forman nuestra memoria, hay uno que ocupa un lugar de honor junto al cajón de los recuerdos de la infancia: es el cajón de los momentos inolvidables. Es el único cajón de nuestra memoria cuyo contenido permanecerá inalterable, exceptuando el aumento de su contenido.
   Por muy penosa que una persona piense que ha sido su existencia, siempre encontrará algún recuerdo positivo en éste cajón.
   En nuestros momentos de bajo estado anímico, no tenemos mas que cerrar los ojos y abrir ese preciado cajón. Sabemos que ese cajón está ahí, pero, ¿ qué hace que un determinado recuerdo vaya a parar ahí?
   Me lo planteo mucho últimamente, ¿ qué ingredientes hacen falta para que un simple momento en nuestras vidas se convierta en inolvidable?. 
   Hay diferentes ingredientes ambientales, mis favoritos son: la noche, la tranquilidad del campo, el sonido del río, un día tan soleado que te queme la frente, un día lluvioso que te cale el pelo, una solitaria calle...
  Otros ingredientes,  los escenarios donde suceden esos momentos: un banco sobre el río, una casa caótica y bulliciosa, el camino de la alameda, Saint Malo, un parque, "Granjafría", el colegio, la universidad, un colegio mayor, las murallas de una histórica ciudad, un bar...
   El medio mediante el cual un momento comienza a ser inolvidable también es un importante ingrediente: un paseo, un silencio cómodo, una buena noticia, vivir algo por primera vez, una conversación, un agradable alboroto, un baile, unas simples palabras, recibir un mensaje por cualquier medio, una sonrisa, la contemplación de un bonito paisaje....
   Son miles las cosas que se pueden enumerar como ingredientes que pueden conformar un momento inolvidable. Pero pienso que el ingrediente más importante que contribuye a un momento inolvidable es la compañía. Si estamos en buena compañía cualquier momento se podrá convertir en inolvidable más fácilmente. Aunque también hay momentos inolvidables que podemos vivir solos, ésto tiene mucho encanto también ya que no compartirlo con nadie, a veces, es más valioso. 
    Por suerte el ingrediente principal lo tengo y lo disfruto en abundancia.
  Mi cajón de momentos inolvidables lo abro frecuentemente, parece que está lleno, pero no, ese cajón tiene un fondo infinito.
   Cada persona es un mundo, los ingredientes inagotables.
    

14 de marzo de 2012

Lo grande de lo pequeño.

   Lo grande de lo pequeño, me siento muy afortunada. No necesito nada especialmente raro o costoso para gozar de pequeños momentos de felicidad que hacen de la vida algo fantástico. Esto creo que es por tener la suerte de ser una mujer sensible. Aunque esta sensibilidad a veces ha jugado en mi contra, cada día la agradezco más.
  Las personas sensibles somos felices y nos conformamos con muy poco, ya que tenemos la capacidad de extraer grandes cosas de otras muy pequeñas. 
  Me hace feliz el primer soplo de aire fresco que recibo en la calle al salir de casa. Me hace feliz un simple guiño de ojo. Me hace feliz ver un bonito cuadro. Me hace feliz escuchar esa canción por la que me ha dado últimamente. Me hace feliz estar sentada con un buen libro. Me hace feliz comer en familia. Me hace feliz que mis sobrinos me abran los brazos desde lejos. Me hace feliz percibir en la naturaleza el cambio de las estaciones. Me hace feliz bajar cuestas a toda velocidad con " Molly". Me hace feliz que sea viernes. Me hace feliz mojarme cuando llueve. Me hace feliz oler la hierba recién cortada. Me hace feliz oír una voz bonita. Me hace feliz recibir una flor. Me hace feliz un abrazo. Me hace feliz que nieve. Me hace feliz un silencio cómodo. Me hace feliz viajar en el tiempo. Me hace feliz pasear por la noche. Me hace feliz bailar. Me hace feliz ver un petirrojo. Me hace feliz ver pasar a la gente. Me hace feliz oler un libro. Me hace feliz que se duerma un gato en mi regazo. Me hace feliz quedarme dormida en el sofá. Me hace feliz reírme sola. Me hace feliz la luna llena. Me hace feliz revivir recuerdos de la infancia. Me hace feliz subir a un columpio. Me hace feliz pisar charcos con las katiuskas.
  En definitiva, hay infinidad de detalles y de pequeñas cosas que me hacen vivir momentos de plenitud y felicidad momentánea. 
  Agradezco ser sensible y valorar las pequeñas cosas, soy fácil de complacer.
  Pienso que la felicidad plena aquí no la probaré, pero el hecho de gozar durante el día de estos pequeños momentos hace que me acerque bastante a ella. Gozo de un equilibrio perfecto entre las preocupaciones diarias y los deliciosos instantes felices. A mí, me basta.



7 de marzo de 2012

Recuerdos (I). Margarita.

     Después de muchos años, de pronto me vienen a la mente recuerdos de forma muy nítida. Estaban latentes en mí, y de pronto salen de mi memoria y se manifiestan. Aunque haya pasado mucho tiempo, vuelven sensaciones experimentadas mucho tiempo atrás. Me pasó hace poco con éste poema que me hicieron aprenderme en el colegio, lo recitábamos casi diariamente para estudiarlo, ya que es bastante largo. El día de la patrona del colegio lo recitamos algunas personas delante de los demás cursos.
    Me encantaba este poema, envidiaba a la protagonista del cuento y su prendedor.
    Sólo recuerdo los primeros versos, han pasado muchos años, pero ha sido fácil buscar el poema. Releerlo ha sido un placer. Como volver a ser niña.

Margarita.

Margarita, está linda la mar,
y el viento
lleva esencia sutil de azahar;
yo siento
en el alma una alondra cantar:
tu acento.
Margarita, te voy a contar
un cuento.

Éste era un rey que tenía
un palacio de diamantes,
una tienda hecha del día
y un rebaño de elefantes.

Un kiosko de malaquita,
un gran manto de tisú,
y una gentil princesita,
tan bonita,
Margarita,
tan bonita como tú.

Una tarde la princesa
vio una estrella aparecer;
la princesa era traviesa
y la quiso ir a coger.

La quería para hacerla
decorar un prendedor,
con un verso y una perla,
y una pluma y una flor.

Las princesas primorosas
se parecen mucho a ti:
cortan lirios, cortan rosas,
cortan astros. Son así.

Pues se fue la niña bella,
bajo el cielo y sobre el mar,
a cortar la blanca estrella
que la hacía suspirar.

Y siguió camino arriba,
por la luna y más allá;
mas lo malo es que ella iba
sin permiso del papá.

Cuando estuvo ya de vuelta
de los parques del Señor,
se miraba toda envuelta
en un dulce resplandor.

Y el rey dijo:  «¿Qué te has hecho?
Te he buscado y no te hallé;
y ¿qué tienes en el pecho,
que encendido se te ve?»

La princesa no mentía.
Y así, dijo la verdad:
«Fui a cortar la estrella mía
a la azul inmensidad.»

Y el rey clama:  «¿No te he dicho
que el azul no hay que tocar?
¡Qué locura! ¡Qué capricho!
El Señor se va a enojar.»

Y dice ella:  «No hubo intento;
yo me fui no sé por qué;
por las olas y en el viento
fui a la estrella y la corté.»

Y el papá dice enojado:
«Un castigo has de tener:
vuelve al cielo, y lo robado
vas ahora a devolver.»

La princesa se entristece
por su dulce flor de luz,
cuando entonces aparece
sonriendo el Buen Jesús.

Y así dice:  «En mis campiñas
esa rosa le ofrecí:
son mis flores de las niñas
que al soñar piensan en mí.»

Viste el rey ropas brillantes,
y luego hace desfilar
cuatrocientos elefantes
a la orilla de la mar.

La princesita está bella,
pues ya tiene el prendedor
en que lucen, con la estrella,
verso, perla, pluma y flor.

Margarita, está linda la mar,
y el viento
lleva esencia sutil de azahar:
tu aliento.

Ya que lejos de mí vas a estar,
guarda, niña, un gentil pensamiento
al que un día te quiso contar
un cuento. 


Rubén Darío.

6 de marzo de 2012

Una difícil decisión.

   Al anochecer, en un parque, en buena compañía, surgió una cuestión. Si nos preguntaran cuál es nuestro libro favorito, ¿ sabríamos, sin dudar, responder a esa pregunta?.
   Yo siempre he tenido bastante claro cuáles son mis libros favoritos. Pero nunca he podido decir uno solamente. Éste culto y pensador acompañante me hizo planteármelo.
   Reflexionando, pienso que no podemos elegir solamente un libro favorito. Cada libro nos aporta diferentes cosas. Por otro lado, un mismo libro será visto e interpretado de diferente manera por distintas personas. Podemos leer el mismo libro dos veces y lo sentiremos y lo haremos nuestro o no dependiendo del estado anímico por el que pasemos.
   No hay libros buenos o malos. Cada lector es un crítico diferente, y hay millones de lectores. Un libro que a mí no me aporte nada será para alguien un tesoro que cambió su vida.
  No se a quién le oí esto, pero a un escritor le preguntaron cuál era su libro favorito y respondió que preguntar eso a un lector era como preguntarle a una madre cuál es su hijo favorito. Estoy completamente de acuerdo.
  ¿ Qué libro podría merecerse el primer lugar en el podio de mis lecturas favoritas? No sabría decirlo. Ha habido libros que me han marcado mucho, pero en aspectos diferentes. Algunos me han hecho llorar, otros reír, otros me han ayudado a marcar el camino que quiero llevar en mi vida, otro me han hecho viajar en el tiempo, otros me han hecho ser Hester, otros me han hecho enamorarme, otros me han hecho más tolerante, otros me han hecho ser niña otra vez; y así infinidad de cambios e influencias han ejercido sobre mi los libros.
   Todos y cada uno de los libros que he leído me han transmitido algo, bueno o malo. Otros se han ganado una segunda y mas exhaustiva si cabe, lectura.
   Me ha impactado en alguna ocasión hasta que punto parece que el único destinatario de un libro es uno mismo. Da miedo. Parece como si el autor hubiera pensado en ti al escribirlo.
   Para guardar un poco de la esencia de cada libro que he leído, me gusta escribir en una libreta las frases o párrafos que más me han gustado, impactado o aportado. Así, siempre que quiera puedo volver a revivir las experiencias y sensaciones que cada libro me transmitió.
  Cada libro se merece un lugar en el corazón de alguien. Todos deben tener la oportunidad de ejercer ese poder sobre una persona.
   Por eso, es muy difícil elegir un único libro que presida nuestra biblioteca. Las facetas de las personas son muchísimas, un libro diferente estimulará cada una de ellas.
   Realmente elegir un único libro como favorito es una difícil decisión, para mí, realmente imposible.